“Aprender a usar el celular fue como abrir una ventana nueva al mundo”, cuenta Maria Elena, una de las residentes del Hogar Santa Ana. Lo que empezó como un desafío terminó siendo un espacio de encuentro, aprendizaje y libertad.
En un contexto cada vez más digitalizado, donde la tecnología se vuelve parte de la vida cotidiana, las personas mayores enfrentan desafíos particulares para acceder y apropiarse de las herramientas digitales. Pero lejos de representar una limitación, la edad puede convertirse en una oportunidad para seguir aprendiendo, participando y construyendo autonomía.
Los estereotipos negativos sobre la vejez —como la idea de que cuesta adaptarse o aprender— siguen generando exclusión. Sin embargo, la evidencia muestra lo contrario: no existen barreras cognitivas que impidan el vínculo con la tecnología. Las dificultades suelen estar asociadas al miedo o a la falta de confianza, factores que pueden transformarse con acompañamiento y propuestas educativas sensibles.
Desde el Hogar Santa Ana, hace más de un año se impulsa un programa de talleres de inclusión digital que busca derribar esos prejuicios. Las residentes aprenden a usar el celular, crear contraseñas seguras, comunicarse por videollamada y navegar en Internet. Ya se realizaron dos ediciones con excelentes resultados, y una nueva propuesta está en marcha, incorporando temas actuales como seguridad digital e inteligencia artificial.
La inclusión digital no es solo una cuestión técnica: es una forma de cuidado y justicia social. Acompañar a las personas mayores en este aprendizaje es reconocerlas como protagonistas, capaces de decidir y transformar su entorno. En cada taller se tejen lazos, se recupera la confianza y se demuestra que nunca es tarde para conectarse con el mundo y con unomismo.
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